(EFE).- Las familias hispanas que han perdido sus casas por embargos hipotecarios sufren traumas psicológicos y sociales a largo plazo, advierte un informe divulgado hoy por el Consejo Nacional de La Raza (NCLR) y la Universidad de Carolina del Norte (UNC).
Según la presidenta de NCLR, Janet MurguÃa, el estudio, "La generación de las ejecuciones hipotecarias: el impacto a largo plazo de la crisis de la vivienda en los niños y las familias latinas", saca a la luz el costo humano y social de este fenómeno económico.
El Centro para Préstamos Responsables calcula que 1,3 millones de familias hispanas perderán sus hogares entre 2009 y 2010 debido a un embargo. Sólo el año pasado la cifra se ubicó en 400.000.
Alrededor de 8 millones de propietarios de viviendas están retrasados en los pagos de sus hipotecas y uno de cada cuatro debe al banco más de lo que cuestan sus propiedades
La firma RealtyTrac Inc divulgó a principio de mes que más de 315.000 familias, o uno por cada 409 propietarios, recibieron en enero un aviso de retraso del pago de la hipoteca.
La crisis hipotecaria -que comenzó hace dos años- y la concesión de préstamos de altos riesgo generarán perdidas en la comunidad hispana por el orden de los 82.000 millones de dólares, de acuerdo con el estudio.
"Esto representa un golpe considerable a las finanzas y estabilidad de la comunidad. También afectará a las generaciones futuras. Es imperativo que el Gobierno intervenga y apoye a los propietarios de viviendas", afirmó hoy en conferencia telefónica MurguÃa.
NCLR y el Centro para el Capital Comunitario de UNC condujeron 25 entrevistas a familias en comunidades del sur este de Texas, Michigan, la costa oeste de Florida, noroeste de Georgia, y el valle central de California, que pasaron por el proceso de perder sus hogares en parte por acciones de prestamistas usureros.
Janis Bowdler, subdirectora de proyectos de polÃtica de creación de riquezas de NCLR y coautora del estudio, destacó los tres hallazgos más importantes de la investigación realizada sobre las consecuencias de los embargos hipotecarios.
"Las familias se devastaron económicamente, no recibieron ningún tipo de ayuda de las instituciones financieras para evitar las ejecuciones hipotecarias, y la carga emocional excesiva afectó a padres, esposos e hijos que generó en depresión, ansiedad, tensión, sentimiento de culpabilidad y resentimiento", apuntó Bowdler.
Las familias entrevistadas reportaron una pérdida promedio de 89.155 dólares a raÃz de la ejecución de sus propiedades, lo que obligó a los padres a retrasar e incluso a eliminar planes de ayuda para sus hijos con educación, compra de vehÃculos y vivienda.
"Lo más destacable es que estas familias siguen creyendo en el sueño americano que tienen los inmigrantes de ser propietarios y de que algún dÃa podrán recuperarse. Nos asombra su optimismo después de perderlo todo", apuntó.
Roberto Quercia, director del Centro para el Capital Comunitario de UNC-Chapel Hill, apuntó que los niños en particular se ven afectados por la inestabilidad del hogar y la experimentación de problemas académicos o cambios de comportamiento.
"Si estas hipotecas se hubieran hecho bien, los hispanos no estarÃan saliendo tan afectados. Esta comunidad tienen uno de los porcentajes más bajos de préstamos de alto riesgo. Son buenas pagas", apuntó Quiercia.
El estudio recomendó realizar modificaciones de los préstamos incluso a las personas que no tienen trabajo, oportunidades de hipotecas para que las familias se queden en sus casas, protección al consumidor, y estándares más restrictivos para prevenir otra crisis hipotecaria en el futuro.
"Los programas actuales de embargos hipotecarios no están al mismo nivel de devastación que hay en la comunidad hispana. Estas familias están siendo impulsada de nuevo a la pobreza que salieron", apuntó Bowdler.
Aunque el estudio no divulgó el estado migratorio de las familias entrevistas, organizaciones comunitarias y religiosas afirman que los indocumentados han salido mayormente afectados por los embargos hipotecarios.
El pastor Luis Rivas, de la Iglesia Nueva Esperanza en Raleigh, capital de Carolina de Norte, ha consolado a varias familias hispanas que por la falta de trabajo y situación migratoria irregular perdieron recientemente sus viviendas.
"La gente siente mucha frustración", afirmó hoy a Efe Rivas. "Se generan crisis fuertes en las parejas y los niños hasta cierto punto sienten confusión porque algunas familias deciden regresar a su paÃs de origen que para ellos es desconocido".
Rivas añadió que al perder sus viviendas -especialmente los inmigrantes hispanos- ven derrumbarse sus sueños de ofrecer una mejor vida y educación a sus hijos.
"El no tener documentos impide a los hispanos tomar ventaja de los programas de refinanciación o modificación de préstamos que ofrece el Gobierno. Eso los obliga en parte a dejar sus casas que con tanto esfuerzo compraron", acotó.
MurguÃa hizo un llamado a los legisladores y la Casa Blanca para que tomen medidas energéticas que detengan la pérdida de riqueza que resultan los embargos de viviendas. EFE
